¿Quién detiene los asesinatos masivos?
“Regulamos la regla en un instante”. En avisos clasificados de varios diarios y en las calles más concurridas de la ciudad uno se puede encontrar con varios de estos anuncios de abortos clandestinos, con dirección y teléfono para cometer el ilícito atentado contra la vida de un ser indefenso como si uno decidiera ir al gimnasio o a hacerse un blanqueamiento dental.
Si bien en el Perú el aborto es considerado un delito contra la vida, tipificado en el Código Penal, cada año se producen 100 mil abortos inducidos, a vista y paciencia de todo el mundo. Las autoridades no hacen nada para frenar estos crímenes masivos que se comenten en condiciones insalubres en casas y hasta en consultorios de médicos y profesionales de la salud de dudosa reputación.
En ese contexto, llama poderosamente la atención que representantes y consultores del Congreso de la República dedique su tiempo a debates paupérrimos sobre la despenalización del aborto, cuando su labor se debería centrarse en acabar con estos asesinatos masivos que se comenten en contra de la ley y ponen riesgo la salud de la población.
Por lo menos alguno de los otorongos que aspiran a la reelección o los que todavía tienen un mínimo de decencia, deberían investigar sobre esta preocupante situación y hacer fuerza para que tanto el Ministerio Público y la Policía Nacional intervengan estos locales dedicados a la matanza de los que no tienen voz y sancionen con total rigor a los irresponsables.
Este es un asunto que realmente merece atención y que debe despertar del letargo a nuestros padres de la patria y a los representantes de ministerios como el de Salud que tiene como obligación velar por la vida de los no nacidos, quienes a pesar de que no pueden pronunciarse, gozan de los mismos derechos de todos los que ya formamos parte de este país.
Todo mal tiene su raíz en el aborto. Si a una madre le es permitido matar a su propio hijo, ¿qué impide que nos matemos unos a otros. Teresa de Calcuta