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Plaza Mayor (Foto: difusión).

Ayacucho: Destruyendo los estereotipos y descubriendo una ciudad apacible

Publicado: 2010-11-18

Ayacucho no es ni la sombra de lo que imaginé. Llegué a Huamanga (capital del departamento) con la idea estereotipada de sus años de violencia y me encontré con una ciudad apacible, de gente tranquila y de discotecas donde los jóvenes y los no tan jóvenes se divierten como en cualquier otro lugar del Perú.

Aquí la vida acaba a las 11 en punto. La Plaza Mayor es a esa ahora un lugar sosegado, desde donde se puede contemplar la belleza de sus construcciones en piedra y sus llamativos jardines. Los negocios a esta hora, ya han cerrado sus puertas y los pocos que caminan por las calles, van camino a casa.

A diferencia de Lima, las noches aquí son para disfrutarlas al aire libre, dando una vuelta por las calles, contemplando las impresionantes infraestructuras de sus 33 iglesias y de sus casonas coloniales recuperadas con ayuda extranjera.

El frío  que llega hasta los huesos no existe. Ayacucho cuenta con un clima estupendo. Las noches son frescas y los días son soleados todo el año. Sin embargo, no es recomendable caminar mucho durante las mañanas, porque este sol es matador. (Ni en Tumbes quema tanto como acá).  El aguacero cae de vez en cuando y es todo un espectáculo para los foráneos y un desastre para los lugareños.

Lo penoso es comprobar que la pobreza sigue manchando la honra de este pueblo. No basta ir muy lejos para palpar la triste realidad por la que atraviesan cientos de familias, en  este departamento, en el que las mujeres se mueren por falta de atención médica oportuna al momento de dar a luz y los niños sufren de desnutrición (de cada 10 niños, cinco no están bien alimentados).

En contraste con esta realidad chocante para cualquiera, una se encuentra con pintas gigantes que niegan el ingreso a las inversiones. Plaza Vea intentó construir un supermercado, pero un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga se opuso de manera contundente  a su construcción en un terreno que forma parte de esta casa de estudios.

Los cines no existen, mucho menos hay grandes centros comerciales. Por el contrario hay discotecas con poca pinta por fuera, pero con grandes y confortables espacios para bailar todos los ritmos de moda. En eso, Ayacucho si está en onda.

La mayor parte de los negocios son pequeñas bodegas. En  los restaurantes la atención no es su mejor carta de presentación y la comida no siempre es de mejor calidad. Con el perdón de los ayacuchanos, sus típicos platos no son lo mejor de nuestra gastronomía. (¿O será que todavía no he probado todo?).

Los primeros restaurantes recomendados por su misma gente solo nos ofrecían cuy en dos  presentaciones, chicharrón de chancho, chancho asado y trucha frita. Todos acompañados de papa y más papa. El arroz no asomaba por ningún lado. Ayer probé y no puedo negar que sí me agradó su famosa puca picante, un plato a base de maní y papa, que sí se acompaña del cereal predilecto de los peruanos.

Como en cualquier lugar del Perú, los chifas abundan, con la única diferencia que incluyen el caldo de gallina en sus cartas. Hay pollerías pero con la mayoría no pasa nada.

Lo que sí es un encanto cada mañana son sus panes serranos, sus quesos y sus helados artesanales de maní que se venden como pan caliente en plena Plaza Mayor, a la hora que el sol te sancocha las neuronas.

Los hoteles hay para todos los bolsillos. Hotel Plaza es el más ‘ficho’ y caro, pero uno puede encontrar hospedaje por diez soles, por lo menos así se lee en los coloridos carteles que uno puede ver en todos los barrios.

En sus calles, es absurdo multar a los peatones. Las pistas están desgastadas y no existen las calzadas peatonales por ningún lado. Hay semáforos solo en cuatro esquinas y los policías de tránsito son contados. Los mototaxis abundan y de cuando en cuando hacen caótico el tráfico.

Pero Ayacucho tiene mucho más que ofrecer a sus visitantes. Sí te quedas más tiempo en esta tierra generosa, puedes conocer parte de la historia visitando Wari o Pampa Galeras, el principal centro para la conservación de la vicuña. También puedes contemplar y adquirir uno de sus hermosos retablos o los  tallados en piedra de Huamanga.

En definitiva, Ayacucho es un pueblo que sorprende y que tiene todas las potencialidades para ser uno de los principales destinos del país. Aquí ya no hay que temerle al terrorismo (aunque las informaciones periodísticas indican que en el VRAE renace sendero) y hay que poner pilas a su gente para hacer atractiva a esta región.

No es mucho el esfuerzo que hay que hacer para ponerlo en bandeja. Su clima seco es  ideal para los asmáticos; sus construcciones y sus paisajes andinos son un regalo para nuestra vista y en sus calles se respira la tranquilidad que nunca imaginaste encontrar aquí.

Pero para ello, es necesario borrar de la mente de todos que Ayacucho es solo Semana Santa y pregonar por todos lados que  es un encanto todo el año. A este hermoso pueblo, le falta trabajar su marca para conquistar visitantes y así generar ese progreso que por tantos años les ha sido esquivo o ha sido rechazado por ideas trasnochadas.

Ayacucho tiene futuro. Solo hace falta implementar una buena estrategia para desarrollar el turismo todo el año. (Foto: Hugo Pérez).

Todavía tengo planeado quedarme unos días más en este Ayacucho que me sorprende por sus encantos y me conmueve por su pobreza, sin embargo estoy convencido de que sus atractivos bien posicionados pueden convertirse en el primer eslabón del desarrollo que podría generar una mejor calidad de vida para ese gran grueso de su población que vive en condiciones de pobreza y que pese a todo la barbarie por la que ha pasado, todavía tiene una esperanza en el futuro.


Escrito por

Carlangas

Periodista con experiencia en medios de comunicación y estudios en Gobernabilidad y Gerencia Política. He sido becado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige Gabriel García Márquez.


Publicado en

De todo un poco

Una mirada crítica a nuestra realidad